13.4.09

Ella no se va a servir nada, gracias.

Se sintió capaz de notar que la forma que ofrecía el deterioro de la pintura amarilla en el marco de una ventana cercana, de extraña ubicación para lo que él entendía como un sobrante de habitación reciclada y reinventada destinado sólo a ese momento. Le traía incesante e irreprimiblemente la imagen de un recurrente personaje demoníaco y de secretas buenas intenciones con lo que parecía un escudo, algo deformado por la memoria, la poca fidelidad de la figura y el notable desinterés de la casualidad en dejar indicio más claro.

-Indicio más claro –Casi fue audible para sí mismo.

Sin quererlo escuchó desde el interior de ése baño lo que parecía un llanto reprimido con fuerzas sin voluntad de serlo.


Se calló.

Arcadas luego.

Se cayó.


Dos mujeres salieron de ese baño, lo miraron, el que estaba del lado opuesto a la salida de aquel espacio, y el no pudo discernir si aquel gesto tenía algún tono acusador o un complicidad empática. Tenía la idea de que si se iba en ese momento, su eventual persecución y posterior hallazgo serían, al menos, dificultosos. Se sintió despreciable.

Ella salió habiendo pasado varios minutos. Parecía querer decir algo. Se aferró del marco de la puerta de aquel baño, el rostro poblado por el brillo y el desteñido de lágrimas esparcidas por brutos manotazos de rechazo.

-Te pido disculpas…no puedo. –Intentó terminar la frase mientras caía al piso con gracia.


La trama que malograda de los cerámicos le pareció de muy buen gusto como escenografía de la escena.


Mejor estrella, P.


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